Hemorragia digestiva

Es la complicación más frecuente de la úlcera gastroduodenal. Aproximadamente el 10%-20% de los pacientes ulcerosos sufrirá al menos un episodio de hemorragia en la evolución de su enfermedad. La úlcera gastroduodenal es la causa más común de hemorragia digestiva alta y es responsable de aproximadamente la mitad de los ingresos por esta causa en la mayoría de los hospitales.

Perforación

La perforación aguda de la úlcera a la cavidad peritoneal libre es una complicación menos frecuente que la hemorragia y afecta aproximadamente al 5% de los pacientes ulcerosos.

La perforación es más frecuente en el varón que en la mujer, y en la úlcera duodenal que en la gástrica. La localización de la perforación de la úlcera duodenal es generalmente la pared anterior de la primera porción del duodeno.

 

La aparición de esta complicación no suele plantear dificultades diagnósticas; en la mayoría de los casos es evidente que el paciente sufre un cuadro grave de peritonitis. El cuadro se inicia con la aparición brusca de dolor intenso (en puñalada) en el epigastrio o en el hemiabdomen superior, seguido rápidamente de signos de irritación peritoneal.

 

El dolor puede irradiarse al hombro derecho por irritación frénica y rápidamente se generaliza a todo el abdomen. La exploración física revela hipersensibilidad abdominal, especialmente en el epigastrio, con rigidez en tabla por contractura de los músculos de la pared abdominal. Los ruidos abdominales suelen estar disminuidos o ausentes.

Los casos en los que no se establece el diagnóstico en esta fase inicial evolucionan a una peritonitis, con distensión abdominal, hipovolemia, hipotensión y fiebre. El diagnóstico de sospecha se confirmará mediante la demostración de neumoperitoneo en la radiografía simple de abdomen en bipedestación o en decúbito lateral. Sin embargo, su ausencia no descarta la existencia de una perforación, ya que el examen radiológico es normal hasta en el 25% de los casos.

 

Tratamiento médico

  • Tratamiento de la úlcera péptica H. pylori positiva

En las úlceras gastroduodenales H. pylori positivas, la erradicación del microorganismo se asocia con notables beneficios, como son la aceleración de la cicatrización ulcerosa, la reducción de las recidivas, la prevención de las complicaciones hemorrágicas y la disminución del coste económico. Así, puede lograrse la curación definitiva, y no únicamente la cicatrización temporal, de la enfermedad ulcerosa gastroduodenal.

La posibilidad de modificar, por fin, la historia natural de la enfermedad péptica constituye uno de los avances más importantes de la gastroenterología de las últimas décadas.

 

  • Tratamiento de la úlcera péptica H. pylori negativa

Tratamiento de cicatrización

El tratamiento en la fase aguda de las úlceras no asociadas a la infección por H. pylori consiste en la administración de antisecretores.

Actualmente, las dos familias de fármacos más comúnmente empleadas son los antagonistas de los receptores H2 y los IBP. Todos estos fármacos actúan bloqueando con mayor o menor eficacia la secreción de ClH por las células parietales gástricas.

 

En el caso de la úlcera duodenal, las dosis diarias recomendadas en la fase aguda, esto es, para lograr la cicatrización de la lesión ulcerosa son las siguientes: cimetidina (800-1200 mg), ranitidina (300 mg), famotidina (40 mg), nizatidina (300 mg), omeprazol (20 mg), lansoprazol (30 mg), pantoprazol (40 mg), rabeprazol (20 mg) y esomeprazol (20-40 mg).

La duración del tratamiento será de 4 semanas con cualquiera de los fármacos descritos.

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