reflujo gastroesofágico-erge

 

La ERGE es el resultado del RGE cuando este ocasiona manifestaciones clínicas y/o inflamación esofágica (esofagitis). Puede producirse a través de diversos mecanismos: reflujo excesivo, disminución de resistencia mucosa del esófago o aumento de la sensibilidad esofágica.

 

La existencia de RGE no es exclusiva de los pacientes con ERGE, ya que también los individuos sanos tienen episodios de reflujo, si bien son infrecuentes, de duración corta y con una mucosa esofágica con resistencia normal a los agentes agresivos; por ello no tiene consecuencias patológicas.

 

En muchos casos, el RGE es ácido pero también puede ser no ácido o débilmente ácido. Este aspecto es importante, en especial cuando los pacientes no mejoran con los tratamientos habituales (encaminados a disminuir la secreción ácida del estómago).

 

La fisiopatología del RGE es multifactorial. Contribuye de manera fundamental la incompetencia del EEI al perder su capacidad de barrera antirreflujo cuando su presión de reposo es anormalmente baja, inferior a 8 mm Hg (esfínter hipotenso), si su longitud es pequeña, menos de 2 cm (esfínter corto), o cuando su situación en la unión toracoabdominal es inadecuada (esfínter intratorácico).

 

Cuadro clínico

Tiene una expresión clínica muy heterogénea; la mayoría de los pacientes presentan síntomas (característicos o no de la enfermedad) que pueden ser la única manifestación clínica y con menos frecuencia existen lesiones esofágicas que, por otra parte, pueden ser asintomáticas.

En ocasiones aparecen complicaciones tales como estenosis, ulceración esofágica y hemorragia (aguda o crónica), cuya incidencia es relativamente baja, pero que en algún caso pueden ser la primera manifestación de la enfermedad.

 

La pirosis y la regurgitación son los síntomas más frecuentes y característicos del síndrome por reflujo típico. De hecho, su presencia, y aún más si aumentan tras la ingesta y con el decúbito y se alivian con alcalinos, es muy sugestiva de ERGE. En menos casos, la ERGE se manifiesta con dolor torácico episódico que puede ser el único síntoma o el predominante (síndrome de dolor torácico por reflujo).

 

TRATAMIENTO

 

Los fármacos utilizados tradicionalmente son: antiácidos, procinéticos e inhibidores de la secreción ácida. Los antiácidos, que neutralizan el ácido ya secretado, han quedando relegados para el control puntual de síntomas leves, si bien tienen la ventaja de su efecto rápido.

Los procinéticos tienen un papel limitado en el tratamiento mismo de la ERGE pero pueden ser útiles cuando la regurgitación es un síntoma predominante, se sospecha una alteración en el vaciamiento del estómago o existen síntomas dispépticos asociados.

 

En cuanto a los agentes inhibidores de la secreción ácida gástrica, existen dos tipos: los antagonistas H2 que bloquean el receptor de histamina de la célula parietal y los IBP, con mayor potencia antisecretora, que actúan sobre la bomba de protones celular, bloqueando la enzima H+/K+ATPasa.

  • Los antagonistas H2 disponibles y la dosis convencional diaria son: cimetidina (800-1000 mg), ranitidina (300 mg), famotidina (40 mg), nizatidina (300 mg) y roxatidina (150 mg). En conjunto, se consideran fármacos seguros, habiéndose aceptado su comercialización para libre dispensación.
  • Los IBP disponibles y la dosis convencional diaria son: omeprazol (20 mg), lansoprazol (30 mg), pantoprazol  (40 mg), rabeprazol (20 mg) y esomeprazol (40 mg).

Debe aconsejarse al paciente que evite los alimentos y los fármacos que favorecen la incompetencia del EEI y desencadenan pirosis, así como que se abstenga de fumar.

 

Es fundamental que los individuos obesos reduzcan su peso. Es necesario corregir también los factores mecánicos que favorecen el RGE; por tanto, deben evitarse las prendas que compriman el abdomen, no debe ingerirse alimento en las 3 h previas a acostarse y se aconseja elevar la cabecera de la cama con tacos de 15-20 cm de altura.

 

A menudo los pacientes prefieren dormir con varias almohadas o colocar la mitad superior del colchón en un plano inclinado, aunque esta costumbre es desaconsejable, ya que dobla al paciente por la cintura y aumenta la presión intraabdominal.