ENFERMEDADES cardiovascular

 

El riesgo de sufrir un ictus después de una intervención cardiovascular es de alrededor del 5%, aunque se reduce a menos del 1% en otro tipo de operaciones. Los procedimientos que conllevan mayor riesgo son la intervención de revascularización coronaria y valvular combinada y la resección de tumores de cabeza y cuello.

 

No obstante, el factor predictivo más importante es probablemente una historia previa de ictus. La mayoría de los ictus postoperatorios son embólicos (fibrilación auricular) y suelen acontecer entre el segundo y el décimo día de la operación.

 

Los pacientes con estenosis carotídea sintomática deberían someterse a

una endarterectomía antes de cualquier intervención electiva.

 

Por otra parte, aunque la presencia de soplos carotídeos asintomáticos no se correlaciona con el riesgo de ictus postoperatorio, el conocimiento de la anatomía carotídea y de la existencia de infartos cerebrales silentes tiene importancia para tomar decisiones a largo plazo.

 

Se recomienda demorar toda operación programada de 4 a 6 semanas desde que se produce un accidente cerebrovascular agudo, para permitir que se recuperen los mecanismos de autorregulación cerebral.

 

En los pacientes con ictus es fundamental mantener la presión arterial perioperatoria lo más cercana posible a la presión basal, para evitar una hipoperfusión cerebral que condicione nuevos episodios de isquemia.