Enfermedades endocrinas

 

El estrés de la anestesia y la intervención quirúrgica inducen con frecuencia hiperglucemia en pacientes no diabéticos. En estos casos se recomienda mantener unas cifras de glucemia entre 110 y 180 mg/dL.

 

La medición de la hemoglobina A1c ayudará a diferenciar una hiperglucemia de estrés de una diabetes previa no diagnosticada.

En los pacientes diabéticos sería razonable mantener las glucemias intraoperatorias por debajo de 200 mg/dL y las postoperatorias, en menos de 150 mg/dL, nunca con cifras inferiores a 80 mg/dL.

 

La metformina se debe suspender 24 h antes y reinstaurarse 48-72 h tras la intervención. Las pautas perioperatorias de insulina pueden ser variables en función del grado de control de la diabetes, el tiempo de ayuno previsto, el uso concomitante de perfusiones glucosadas y los valores obtenidos con la monitorización frecuente de la glucemia.

 

La obesidad no es un predictor de mortalidad perioperatoria, aunque sí las comorbilidades asociadas, como hipertensión arterial, diabetes o SAHS. Por tanto, no está justificado suspender una operación en un paciente simplemente por el hecho de ser obeso.

 

La obesidad comporta un mayor riesgo de ETEV y de infección de la herida quirúrgica en el postoperatorio.

El hipertiroidismo no diagnosticado o infratratado puede precipitar una crisis tirotóxica, que se manifiesta habitualmente en el período intraoperatorio o en las primeras 48h del postoperatorio. Si se conoce el antecedente, se debe evitar el empleo de anestésicos de acción simpaticomimética.

El hipotiroidismo leve o moderado no comporta ningún riesgo quirúrgico significativo.

 

Un aspecto controvertido es la necesidad o no de suministrar dosis perioperatorias suplementarias de glucocorticoides a pacientes que reciben dicho tratamiento por un motivo distinto a una enfermedad primaria del eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal.

 

En general, la toma de 5 mg de prednisona (o equivalente) durante cualquier

período de tiempo, sobre todo si se administra en días alternos, no produce una inhibición suprarrenal clínicamente significativa.

 

En estas situaciones se prevé una función suprarrenal intacta y se debe mantener la dosis habitual de glucocorticoides. Para el resto de sujetos con posible insuficiencia suprarrenal debida a la administración exógena de glucocorticoides, la mejor evidencia apoya la misma conducta, aunque se recomienda vigilar la aparición de síntomas o signos (hipotensión, náuseas, vómitos) sugestivos de una insuficiencia suprarrenal aguda.